Dos horas cubren un guiso o un caldo a fuego lento, una fermentación larga de pan, un examen completo o una sesión de juego con límite acordado.
En tiempos tan largos lo que más falla no es el temporizador sino el dispositivo: un teléfono que se bloquea o un portátil que entra en suspensión puede impedir que suene la alarma. Antes de empezar, conecta el cargador, desactiva la suspensión automática si puedes y deja la pestaña abierta. El tiempo que muestra la página siempre es exacto al volver.